“TECNOLOGÍA EN GOTAS” Calidad de Aplicaciones Fitosanitarias

“TECNOLOGÍA EN GOTAS” Calidad de Aplicaciones Fitosanitarias

 El desafío de querer crecer…

El universo de situaciones involucradas en la calidad de las aplicaciones fitosanitarias ha cambiado, y seguirá cambiando, debido a que el sistema global lo está haciendo. Esto es, en algunas décadas atrás (la de los 70´ y de los 80´), el cultivo de soja no era el actual sino muy diferente, como también ocurría con otros cultivos pampeanos de sistemas productivos dominantes. Por citar solo un par de ejemplos, podemos decir que salvo raras excepciones las siembras eran a 70 cm entre surcos de cultivos de verano tanto en cereales como en oleaginosos, y en el caso de soja fundamentalmente en la de primera. Cultivos que, por otra parte, se realizaban por entonces bajo labranza convencional en gran medida, o casi totalmente para expresarlo de una manera más adecuada.

Lo que sigue es un intento de análisis retrospectivo, relacionando situaciones de manejo productivo y de protección con las necesidades en calidad de aplicaciones de fitosanitarios. En tal sentido, y desde el punto de vista de la llegada de las gotas dentro de la biomasa de los cultivos, el hecho de realizar siembras con una significativa separación entre hileras en aquellas décadas, posibilitaba disponer de “cultivos abiertos” durante gran parte de su ciclo. Típico ejemplo en soja, cuya densidad foliosa-vegetal, en líneas generales, no se constituía en un serio obstáculo para la llegada de las gotas al interior de la canopia o biomasa del cultivo. Es allí, sobre todo en la parte media e inferior del cultivo donde generalmente se ubica el “blanco” u objetivo de lo que se pretende controlar con la llegada de las gotas del caldo asperjadas (blanco de aplicación).

Años más tarde, el cambio en el distanciamiento entre hileras, en el sistema de labranza y en el uso de variedades de soja con buena estructura vegetal, se tradujo en cultivos mucho más densos durante gran parte del ciclo. Como generalmente la adversidad que se quiere controlar está ubicada alrededor de esa parte media e inferior del cultivo, el salto para alcanzar la exigencia necesaria en calidad de aplicación puso la vara muy alta, se debe reconocer, para el logro de un buen control.

Obviamente que las gotas pequeñas alrededor de los 200 micrones (150 a 250) y especialmente las de un tamaño que varíen de 150 a 200 micrones, y protegidas con coadyuvantes, tienen ventaja en poder llegar a dicho sector de la canopia, que es donde está el problema a controlar. El fenómeno de llegada de gotas dentro de un cultivo sigue el principio de las zarandas: las gotas grandes quedarán arriba.

En cambio, un tamaño de gotas como el mencionado (gotas protegidas adecuadamente con coadyuvantes, al igual que las gotas de todos los tamaños) tendrá mayores probabilidades de llegar al extracto o tercio inferior de un cultivo denso y cerrado. En otras palabras, el blanco de aplicación más deseado, generalmente. Y que quede bien claro: “ello no se logra con alto volumen en aplicaciones terrestres (per sé), sino que se logra con tamaños de gotas reducidos”, en condiciones que permitan su uso y con las gotas debidamente protegidas.

Es decir, todavía hay cuestiones demasiado gruesas para resolver en relación a un aspecto tan simple, elemental y de tanta importancia, como lo es: el tamaño de gotas a usar según situaciones. Los profesionales que conocen la realidad de la protección en cultivos pampeanos confirman, y así lo expresan en forma unánime en sondeos de opinión, que la mayoría de los productores de soja del núcleo pampeano todavía aplican sus fungicidas para el control de enfermedades de fin de ciclo (EFC) con gotas grandes, o de un tamaño que no les permite llegar a estratos inferiores del cultivo.

Gotas del caldo fungicida que, seguramente debido a su tamaño inapropiado, tendrán una deposición mayoritaria en la parte superior del cultivo, donde no aportará al control de dicha adversidad fúngica. Demostrado está a través de la recuperación de activos plaguicidas realizada por tercios (superior, medio e inferior). Evaluaciones al respecto indican que a través de aplicaciones con predominancia de gotas grandes, más del 80% del fungicida aplicado puede quedar depositado fuera del blanco de aplicación. Es decir, fuera del tercio inferior del cultivo.
Por lo tanto, resulta difícil admitirlo y mucho más explicarlo, aún hoy parte importante de los tratamientos con fungicidas en soja para el control de EFC y otras importantes enfermedades se realizan haciendo gotas grandes en las aplicaciones de fungicidas. En definitiva, y para cualquier adversidad sanitaria en soja, se puede señalar que “una mayor llegada de las gotas a la parte media e inferior del cultivo es indicativa de una mejor calidad de aplicación”. Y ello no se logra a través de gotas de gran tamaño, menos en un cultivo de soja al estado reproductivo y estructuralmente denso.

También sobran los ejemplos sobre la necesidad de llegar bien con las gotas al interior de una biomasa cerrada, para el control de la mayoría de los artrópodos plagas, solo accesible en buen grado a través de una excelente calidad de aplicación. Buena calidad que también resulta necesaria en el control de las malezas, por la importancia de llegar a impactar sobre las mismas cuando todavía son pequeñas, en su emergencia o estadios iniciales, sea dentro de un cultivo ya implantado o debajo de una broza, y por la necesidad de lograr alta cantidad de impactos con los herbicidas que tienen acción de contacto.

Prosiguiendo con la mirada retrospectiva se puede señalar que en los inicios de la incipiente difusión del cultivo de soja (principios de los 70´), además de la mayor facilidad en la llegada de las gotas al blanco, influía demasiado en la eficiencia de control el “tipo de plaguicidas utilizado”. Los insecticidas más usados en esa época eran más bien “bombas erradicantes”, como el Paratión,
Monocrotofós, etc.; también el Endrin, y ni qué decir del DDT. En los lotes donde éste era aplicado, el exterminio y la ausencia de vida de artrópodos (perjudiciales o benéficos) era una característica biocida que perduraba en el agroecosistema por un par de meses. Ello, lejos de querer insinuar una bondad, resulta ser todo lo contrario. Lo que se pretende remarcar al respecto, es que los tratamientos contra plagas mediante el uso de esos “populares insecticidas” de entonces (los de amplísimo espectro de acción y muy tóxicos, y/o de acción prácticamente erradicante) no necesitaban de una buena calidad de aplicación para tener buenos resultados de control…
Muchos años después ante el cambio en el sistema de siembra, y especialmente en la estructura de los cultivos, ya citado anteriormente, con fuerte tendencia al desarrollo de una biomasa más cerrada por el acortamiento de la distancia entre hileras, fundamentalmente en soja, sobrevino paralelamente un cambio en los plaguicidas. Como ejemplo del inicio en ese cambio se debe resaltar la llegada o aparición de la era de los piretroides en Argentina, desde mediados de los 80´ en adelante. Insecticidas piretroides sintéticos caracterizados por menor toxicidad y agresividad sobre el hombre, en comparación con muchos de los fosforados que tenían amplio uso en la región pampeana, como el Paratión y el Monocrotofós.

Sin embargo, por las diferentes características de los nuevos pesticidas (entre ellas, la acción menos drástica en el control de plagas y algunos grupos con una acción basada principalmente en la acción de contacto, como los piretroides), y por las prácticas culturales enunciadas, se hizo evidente la necesidad de mejorar la calidad de aplicación para que las gotas lleguen al interior del cultivo a fin de incrementar el contacto de los insecticidas con los insectos a controlar. De esta manera, mejorando la llegada y por ende el contacto de los insecticidas con las plagas se aproximaría a los niveles de eficiencia que fácilmente se alcanzaban con anterioridad. Necesidades de mayor calidad de aplicación que generalmente no tuvieron, en principio, una respuesta satisfactoria ni inmediata.
A dichas contingencias en la protección de cultivos extensivos, en los inicios de los 2000´ se sumaron nuevos desafíos para el logro de mayor productividad granaria, o bien defender los rendimientos productivos alcanzados hasta ese momento. Algunas metas que podrían citarse: la necesidad de controlar nuevas enfermedades con gran potencial de impacto sobre la producción como la Roya de la soja, y otras enfermedades importantes como las EFC; y, más recientemente, la aparición de malezas e insectos difíciles de controlar en distintos cultivos, etc.
A raíz de estas exigencias adicionales, entre otras, surgió una fuerte necesidad de nuevas informaciones técnicas que tiendan a mejorar las aplicaciones a través del aumento de la calidad en los tratamientos fitosanitarios. Se pretendía disponer de mayores herramientas técnicas aplicables en los sistemas de control químico, que permitieran afrontar mejor los nuevos desafíos mencionados, y en especial, disminuir los riesgos de afrontar a la muy preocupante Roya de la soja, la que por entonces ya había comenzado a mostrar evidencias de alto impacto en la vecina República del Brasil.

En respuesta a esta necesidad para nuestro país, desde comienzos de siglo se enfatizó la realización de experiencias a campo sobre tratamientos con agroquímicos bajo condiciones reales de producción. Dichas investigaciones sobre eficiencia de las aplicaciones químicas contemplaron en principio la medición y evaluación de parámetros que expresaran la calidad de las mismas, como la cuantificación del nº de gotas/cm2 logrado en el blanco, y el tamaño medio de las gotas, básicamente. El objetivo fue obtener avances de información aplicables a la protección de cultivos para nuestro medio. Quizás, para complementar la escasa información confiable previamente disponible, y minimizar aquellas cuya procedencia y/o resultados no sean comprobables, y también las provenientes de países con condiciones productivas y climáticas muy distintas a las nuestras.

Por tal razón, y en relación a las aplicaciones aéreas, se generó en el 2005 el primer Proyecto Nacional sobre actividades de investigación y transferencia entre el INTA y entidades agroaéreas, específicamente entre el INTA Pergamino y la cámara de aeroaplicadores C.A.P.B.A. (Cámara de Aeroaplicadores de la Provincia de Buenos Aires). El desarrollo del mismo permitió la realización durante varios años de numerosos ensayos sobre condiciones reales de cultivos de verano. Dichas investigaciones, realizadas de manera conjunta con los aeroaplicadores de la CAPBA, permitieron obtener valiosa información técnica sobre calidad de aplicaciones aéreas. Paralelamente, comenzó a surgir la necesidad de incrementar las mediciones a campo sobre calidad de las aplicaciones terrestres, especialmente para cultivos de escarda.

Algunos avances en adopción de coadyuvantes
A pesar de que todavía resta mucho por mejorar, los avances tecnológicos en la calidad de aplicación deben ser justipreciados. Y parte de ellos, específicamente en relación al uso de coadyuvantes que mejoran el accionar de los fitosanitarios en la protección de los cultivos, también hubo cambios sustanciales. Como dato ilustrativo de uno de esos grandes cambios en el uso de productos que coadyuven los tratamientos fitosanitarios, se puede referenciar que 15 años atrás era ínfimo el uso de aceites o antievaporantes para evitar la evaporación de las gotas en las aplicaciones de verano, normalmente crítica y sustancialmente perjudicial en la eficiencia del control.

Para ayudar a la adopción de productos –aceites o antievaporantes– que protegen a las gotas minimizando su evaporación, ante condiciones climáticas que la favorecen, fue necesario introducir el concepto de “Humedad Relativa” (a través del Sistema de Alerta como principal medio de transferencia) para aplicaciones tanto aéreas como terrestres. En efecto, la baja humedad relativa al momento de realizar las aplicaciones y sin la adecuada protección de las gotas, constituye la principal causa de fallas de control, entre otros errores de aplicación. La baja humedad relativa ambiente, por la evaporación del caldo durante su asperjado sobre el cultivo, se traduce en pérdidas totales o parciales de control. A través del manejo de este simple concepto durante la
primer parte de la década de los 2000´s, se consiguió que los usuarios internalicen el grave peligro de la baja Hº R debido al fenómeno de evaporación de gotas, aún en gotas grandes, a fin de dar pie a su solución: el uso de aceites o antievaporantes para evitar serios problemas en aplicaciones aéreas y terrestres.

En el cuanto a los Tensioactivos, ya se habían comenzado a utilizar con bastante anterioridad en relación al uso de los aceites, siendo inicialmente destinados a las aplicaciones de herbicidas casi exclusivamente. Sin embargo, los tensioactivos también son de gran importancia para aplicaciones de otros plaguicidas (insecticidas como ejemplo), a fin de lograr mejor cobertura del producto aplicado sobre el vegetal.

Encuestas realizadas en el año 2007 pusieron en evidencia que la gran mayoría de los productores agropecuarios, e incluso una importante cantidad de profesionales, sorprendentemente, no tenían un claro conocimiento del rol diferencial entre tensioactivos y aceites. De tal situación para esa fecha de referencia, se infiere que el gran desconocimiento existente sobre la principal función de aceites y tensioactivos iría en contra de cualquier estímulo para la mayor adopción de los mismos, y mucho menos para su adecuado uso en la protección de los cultivos. Por lo tanto, dicha información recabada a más de 400 productores y asesores de varias provincias de la región pampeana, pondría dudas a la pretensión de fomentar el incremento del uso de los distintos coadyuvantes.

Pero con el devenir del tiempo y el positivo accionar de las empresas de insumos se fueron logrando algunos avances de importancia ya que la situación actual es distinta. Es decir, hoy el usuario conoce cuáles son las funciones de ambos tipos de coadyuvantes. Sin embargo, la mejora sobre el conocimiento de estos productos en el medio agropecuario para nada agota la necesidad del productor en incorporar nuevas informaciones sobre coadyuvantes. Todo lo contrario, dicha demanda es cada vez mayor. Ello es debido a la aparición de nuevos y mejores productos coadyuvantes, algunos con funciones diversas.

Enfatizar capacitaciones eficientes y prácticas sobre coadyuvantes, dirigidas principalmente a productores, será fundamental para que éstos puedan decidir mejor y seleccionar el más adecuado para cada caso en particular. Esta es hoy una necesidad a gritos en la que todos debiéramos involucrarnos a fin de facilitarla de alguna manera. El acabado conocimiento sobre las reales características de funcionamiento de productos de última generación, y de las nuevas líneas de coadyuvantes que vayan apareciendo, sin dudas que ayudarían a incrementar significativamente la calidad de aplicación de los fitosanitarios y su eficiencia de control.

En síntesis, aunque se hayan logrado grandes avances globales en el uso de coadyuvantes en nuestro país, cabe consignar que todavía hay muchísimo camino por recorrer para la adopción y el aprovechamiento de las potencialidades que tienen, y tendrán las nuevas generaciones de coadyuvantes; las que seguramente derivarán en mayores niveles de eficiencia, productividad y seguridad ambiental.

Comprender el pasado para una mirada hacia el futuro
Resultará importante comprender que la futura adopción de coadyuvantes de última generación será de extrema importancia para potenciar al máximo la protección del caldo y sus gotas en la aplicación, a fin de obtener alta eficiencia de control con el mayor cuidado posible del ambiente. Pero también, cabe advertir que la adopción de coadyuvantes no solo será gradual sino lenta (como lo ha venido siendo hasta el momento), de no mediar un cambio significativo en las acciones de transferencia y difusión sobre este particular tema. Lamentablemente, la percepción por parte de los usuarios sobre la gran importancia que en general tienen los coadyuvantes en la protección vegetal no está acorde a la potencial contribución o aporte de dichos productos en el mejoramiento de la eficiencia de control de las adversidades sanitarias en nuestros cultivos. Tal circunstancia dada en cuanto a la falta de una “valoración” más adecuada sobre los coadyuvantes, es, al menos en parte, la causa de la gradualidad en su adopción.
Las razones de la gradualidad en la adopción de los mismos (coadyuvantes agrícolas) ha estado ligada, hasta el presente, fundamentalmente a la limitación existente en poder observar su real comportamiento a campo. Limitación que, por un lado, es debida a la dificultad del productor para medir, “con los ojos y a campo”, los efectos de los coadyuvantes en las aplicaciones. Y por el otro, por la costumbre de no usar tarjetas sensibles. Normalmente, ni siquiera la posibilidad de “poner dentro del cultivo” algunas tarjetas sensibles, a fin de por lo menos “tener una idea” de dónde se está depositando el fitosanitario, y si están llegando muchas o pocas gotas al blanco, para lograr el control deseado. Nada más ni nada menos que eso.

Para un potencial usuario a nivel productor siempre resultó una fuerte restricción el poder conseguir tarjetas sensibles en tiempo y forma. O sea, disponer de algunas tarjetas hidrosensibles a campo, ¡aquí y ahora! para “ver qué pasa… con su aplicación”. En un breve análisis sobre las implicancias de la limitante mencionada en el uso de las tarjetas, más que darle prioridad a “lo razonable”, o a “lo que debiera ser”, habría que focalizar sobre la realidad de las situaciones a campo.

(continuará con la 2da. Parte)

Ing. Agr. Nicolás Iannone
Coord. Sistema de Alerta
Servicio Técnico – INTA Pergamino
iannone.nicolas@inta.gob.ar